Hay un momento del verano en el que el día empieza a organizarse de otra manera.
Se sale temprano, se busca una sombra cuando el sol aprieta y se vuelve a caminar cuando cae la tarde.Entre medias hay un baño, una sobremesa larga, un paseo sin rumbo o una parada para no hacer nada.
La ropa acompaña esa manera de vivir.
Se pone por la mañana, se moja, se arruga, se deja sobre una silla mientras comes y vuelve a salir cuando baja el sol.
Todo ocurre así, entre el agua, la luz y esos ratos de sombra que hacen que el día dure un poco más.