Se quedó un rato más del que pensaba. Sin hacer nada en concreto. Mirando el agua, dejando que el sol le diera en la cara.
Había salido sin pensar demasiado. Lo de siempre. Y, sin darse cuenta, el día se fue alargando. Un paseo, otra parada, alguien que aparece. Todo encaja sin esfuerzo.
No sabía muy bien en qué momento había empezado el verano. Pero estaba ahí. En eso. En no tener prisa. En quedarse un poco más.
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